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La práctica espiritual: una manera de vivir

 

La práctica espiritual: una manera de vivir

 

     Siempre ha habido, hay y habrá maestros que revelen al hombre y que le enseñen a alcanzar las alturas a las que puede llegar a través de la plena manifestación de sus facultades físicas, mentales e intelectuales, mediante una atención firmemente centrada. La mente del hombre se embriaga con los objetos externos y la observación y crítica sin objeto, del mundo exterior. ¿Cómo, entonces, puede entrenársela para que sea firme?

     Cada uno deberá hacerse a sí mismo la pregunta. Las Grandes Almas (mahatmas) y los Grandes Hombres Santos (mahapurushas) también fueron personas como yo; también fueron seres encarnados. Si ellos pudieron lograr la perfección, también yo puedo lograrla, si sigo sus métodos. ¿En qué me beneficio si empleo mi tiempo en descubrir las faltas y las flaquezas de los demás?

     Por lo tanto, la primera práctica espiritual (sadhana) es investigar las faltas y debilidades de ustedes mismos y esforzarse por corregirlas para llegar a ser perfectos.

     El afán incesante de cada día que transcurre tiene como meta y justificación este propósito: hacer dulces y agradables los últimos días de uno. No obstante, cada día también tiene su noche. Si el día es empleado en buenas acciones, entonces la noche nos bendice con un sueño profundo, vigorizante y reparador, el sueño acerca del cual se dice que tiene afinidad con el Samadhi[1].

     El hombre tiene únicamente un corto tiempo de vida aquí sobre la Tierra. Pero aun en esta corta vida, uno puede, utilizando el tiempo sabiamente con cuidado, lograr la bienaventuranza divina. Dos hombres con la misma apariencia, manifiestamente de la misma matriz, se educan bajo las mismas condiciones; sin embargo, uno resulta ser un ángel, mientras que el otro continúa con su naturaleza animal. ¿Cuál es la razón para esta diferencia de desarrollo? Los hábitos y el comportamiento de estos hábitos y el
carácter en que ese comportamiento se ha solidificado. El hombre es el resultado del carácter.

 

Bhagavan Sri Sathya Sai Baba

Extraído del libro: Sobre el Amor

(Prema Yoga)


[1] La ecuanimidad perfecta. La cualidad que posee aquel que no se alegra por la felicidad ni se apena por la aflicción. Estado de bienaventuranza.

 

 

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