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El devoto querido por el Señor

El devoto querido por el Señor 
Bhagavan Sri Sathya Sai Baba

 

      Dice el Señor Krishna (Bhagavad Gita, cap. XII, 16): “Aquel devoto mío que no espera nada, que es puro, diestro, desinteresado, libre de aflicciones y que renuncia a ser el emprendedor, es querido por mí”.

 

      La primera cualidad que figura en este versículo es anapeksha, el término que significa “estar libre de cualquier clase de expectativa o deseo”. ¿Puede un hombre que tiene un cuerpo, una mente y un intelecto estar totalmente libre de deseos? Es imposible; pero se puede alcanzar ese estado por medio de un esfuerzo de la voluntad.

 

      Hay muchos en el mundo que están siempre en busca de placeres sensuales, la mayoría de la gente anhela esos placeres. Este método se describe en el Gita como preyo-marga (el camino de la búsqueda del placer). En oposición a éste hay otro camino, que confiere la experiencia de la realización del Ser y que trasciende los sentidos, éste se llama sreyo-marga (el sendero recto superior). Este camino no es fácil de entender, tampoco es accesible a todos. En consecuencia, la gran mayoría no sigue este camino.

 

Placer y virtud

      Hay en el mundo, por un lado, la atracción del camino del placer y por el otro, el llamado del camino de la realización. Quienes buscan los placeres de los sentidos toman el primer camino. Sólo los jñanis –personas espiritualmente sabias–, a quienes son indiferentes los transitorios placeres mundanos derivados de los sentidos y son austeros y de corazón puro, siguen el camino superior.

 

      Hay aún otro camino, que trasciende tanto el camino de preyas(placer) como el de sreyas (virtud). Estos dos caminos abarcan todos los posibles deseos del ser humano; anapeksha va más allá de los dos.Anapeksha se describe como “estar libre de deseos”, pero esto no es totalmente correcto. Es cuando el hombre al llevar a cabo todas sus acciones desecha el sentimiento o idea de “yo soy el hacedor” (el sentido del ego) y “yo soy el que experimenta” (el sentido de satisfacción del deseo) que surge en él el verdadero anapeksha. Esto significa que debe renunciarse totalmente al orgullo de ser el hacedor y al sentimiento de disfrute de las cosas deseadas. Éste es el verdadero estado de no deseo (anapeksha). Éste sólo prevalece cuando todas las acciones se hacen como una ofrenda a Dios. Cuando ese sentimiento llena el corazón del devoto, la Divinidad le confiere beatitud y dicha. Quien quiera ganar el amor del Señor, tiene que prestar servicio a todos, en todas partes, y hacerlo como una ofrenda al Señor.

 

 

Pureza de corazón

      La segunda cualidad es la pureza. Debe ser interna y externa. La pureza del cuerpo se relaciona con lo físico; cubre aspectos como bañarse, usar ropa limpia, ingerir comida pura, etcétera. Incluso en los estudios, los libros deben ser sanos e inspiradores. Sin embargo, la limpieza externa sin limpieza interna no tiene ningún valor. Todos y cada uno, desde el más grande erudito hasta el hombre común, se interesan por la limpieza exterior, pero no se preocupan de la pureza del corazón. Por muy puros que estén los ingredientes, si la vasija en la que se cocinan no está limpia, la comida se echará a perder. La vasija del hombre es su corazón, y debe ver que se conserve pura. Para purificar su corazón, deben hacer servicio desinteresado. Los apegos y las aversiones, que contaminan la mente, se deben desechar concentrándose en el servicio.

 

La vida es una penitencia

      La tercera cualidad es daksha. Esto significa que uno debe considerar su vida como una forma de penitencia. Cada uno debe tener la firme resolución (daksha) de que mientras tenga vida se consagrará al servicio de sus semejantes, con lo cual experimentará la unidad con toda la humanidad, y ese sentimiento de unidad lo llevará a experimentar a Dios. El servicio es el único camino para deshacerse del egoísmo y el egocentrismo. Un devoto que ha resuelto hacer servicio de esta manera, es muy querido por el Señor.

 

Mente equilibrada o desapego

      La cuarta cualidad es udasina. Esto significa indiferencia hacia la tristeza o la alegría, hacia la pérdida o la ganancia, el honor y la deshonra. Sólo debe interesarles ver que sus acciones sean puras y desinteresadas según lo dicte su conciencia. Nada más importa, ni el halago ni la condena de parte de los demás. Si su conciencia les dice que lo que están haciendo está bien, deben continuar sin tomar en cuenta las opiniones de los demás, así sean sus amigos o parientes. Éste es el verdadero sentido de udasina (ecuanimidad). No deben dejarse influir por el temor o las amenazas. Algunas veces, con el deseo de obtener reconocimiento o publicidad, se puede tener la tentación de cultivar amistad con los hombres que están en el poder, esta tentación corrompe su mente. Desarrollando un sentimiento de indiferencia en el mejor sentido, deben servir a todos, llenos de amor. Indiferencia no debe asumir la forma de arrogancia o de condescendencia ostentosa. Adhiéranse a lo que es correcto y huyan de lo que es malo. Ése es eludasina más elevado.

 

Sin pena ni preocupación

      La siguiente cualidad es gathavyata (libre de preocupaciones); esto significa que no debe haber preocupación por el pasado o el futuro. Un hombre con preocupaciones nunca puede terminar nada. Uno no debe preocuparse por lo que quedó en el pasado o por lo que está en la matriz del futuro. Esa preocupación es la causa de todos los problemas del hombre. No tiene sentido preocuparse acerca del futuro que es desconocido. Manteniendo el presente a la vista, deben ocuparse de acciones correctas. El pasado y el futuro están en el presente. Los devotos que cumplen con su deber en el presente son muy queridos por el Señor.

 

Renuncia a emprender

      La sexta cualidad es sarvarambha parithyagi (renunciación a todo intento). Esto significa que en todo lo que emprende un devoto no debe haber ostentación o presunción. Solamente si se abandona la ostentación se podrá erradicar el egoísmo. Se debe eliminar al ego purificando el corazón; no se puede hacer ninguna buena acción sin purificar el corazón, y esto se logra por medio de actos sagrados. La ostentación es una cualidad demoníaca, le da fuerza al egoísmo y a la megalomanía. Uno debe tratar de adquirir un buen nombre por medio del servicio desinteresado, hecho con sinceridad y con humildad. Quien aspire a volverse un líder nacional, debe primero saber cómo prestar servicio. El servicio debe hacerse con sentido del deber.

 

      La versión completa de este discurso de Sathya Sai Baba apareció en la revista “Eterno Conductor”, vol. VII, núm. 1, enero de 1991

 

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