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Las firmes resoluciones de Sai

 

Las firmes resoluciones de Sai

 

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     Después de un largo tiempo, nos volvimos a reunir en las arenas del Chitravathi. Mirándonos fijamente, Swami preguntó: "¿Por qué se han reunido todos aquí?''. Cuando respondimos: "¡Swami! Vinimos por Ti", replicó: "Es un gran error. ¿Qué es lo que hay en Swa­mi? Vienen aquí por el amor de Swami. Cargando sus baterías con el amor de Swami, recuerden cualquier cosa que hayan visto y oído, tan pronto lleguen a sus casas. Si, por el contrarío, se fueran con el doloroso pensamiento de que se van dejando a Swami, sus baterías se descargarían hasta la mitad, aquí mismo. Sus baterías no se descargarán, empero, si se van con la confianza de que Swami está con ustedes, a su lado. Si las baterías se descargaran, vengan de nuevo y recárguenlas. En asuntos que conciernen a Dios, no deberían tener duda alguna. Nada es mayor que la repetición del nombre de Dios, el Namasmarana. He comenzado el trabajo para el cual he ve­nido. Ha comenzado la construcción del edificio. La arena, el ripio y el mortero de cal están listos. Están puestos los cimientos. Este cuerpo físico tiene treinta y seis años de edad (1959). Todos estos días, he  recolectado y mantenido ordenadamente todo lo que necesito. Este edificio se convertirá en algo tan grande como el huevo cósmico, el Brahmananda. No se detiene por nadie. La oportunidad que tienen hoy en día no se repetirá. Antes de Shivarathri, tal vez incluso antes, lo verán por sí mismos. No encontrarán ni un centímetro de es­pacio. Bajo cada árbol, cada risco o roca, se aglomerarán cientos de personas. Hagan un gran esfuerzo por no desobedecer las palabras de Swami, más bien síganlas. Subrayo esto con énfasis. Llegarán los días en que recuerden todo lo que han experimentado. Hace tres meses que, incluso los que están aquí en el Mandir, podían ofrecer sus saludos. No es que no quiera darles una oportunidad sino que la multitud se ha multiplicado. Sin descuidar al Sai que han recogi­do, háganlo por completo suyo: una vez perdido, no podrán llegar a adorar Sus pies. No se derrumben confiando en las palabras de otras personas. Todo el tiempo he estado diciéndolo. Si son enga­ñados por otros, de nada les servirá romperse la cabeza después muy pronto, Parti va a sufrir una transformación masiva. Todavía es­toy reprimiendo Mi voluntad. Como esta sala es inadecuada, voy a hacer que se construya otra. Pero incluso ésa no será suficiente. Se necesitará un galpón tan grande como el cielo. En todo este tiempo, he viajado en automóvil y por avión. En adelante, ya no será así: Yo Mismo volaré por el cielo. (Se produjo una tempestad de aplausos.) Todas las personas serán testigos de ello al mismo tiempo. Nada me sigue, nadie lo hace ni lo puede hacer. Nadie puede engañar a Swa­mi. Si lo hicieran, morirían con la cabeza hecha pedazos. Todos son Míos. Si rezaran: 'La falta del servidor es excusada con un saludo'. Yo diría: '¡Amado Mío! ¡Aquí hay protección!'. Les he advertido una y otra vez, tal como lo estoy haciendo hoy mismo. No sientan pena después, porque no les he advertido.

      Dios ha sido llamado 'el ladrón del chitha'. Eso significa que si uno no obedece Mi orden, Yo lo tocaré y lo despertaré, le abriré los ojos, lo pondré a prueba y le devolveré su chitha. ¡Qué dulce es la frase 'Ladrón del Chitha'! (el ladrón de la mente de uno). Nuestra ciudad se convertirá en una Mathurapuri, una dulce ciudad, debido a las obras de Krishna. Se producirá sin duda. Lo que Yo hago no fracasará. (Resonaron los aplausos.) No hay nadie que me restrinja, el amor tan sólo me contiene. La razón por la que estoy estable­ciendo estos cimientos concretos, es que no se lamenten mañana de que Swami no se los dijo o no les advirtió. Incluso antes de que ol­viden, todas estas espléndidas obras se habrán cumplido. Mi volun­tad es como un disparo: el estampido sigue a la bala.

      Que no se les escapen los Pies a los que se han aferrado: sujeten a Dios, al Ser Supremo, con una mente limpia y pura. No los abandonaré. Tampoco ustedes me pueden dejar (un feliz batir de palmas se elevó como una tormenta de arena). El corazón del Ser Supremo es como manteca. El amor dentro de él no sufre cambio alguno, nunca se endurece".

 

Bhagavan Sri Sathya Sai Baba

Extraído del libro: “Fuera de ti no hay refugio”,

por Smt. Vijayakumari

 

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