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A Mis devotos

A Mis devotos

Para la protección de los virtuosos, para la destrucción de los malvados y para el establecimiento de la Rectitud (Dharma) sobre una base firme, Yo encarno de Edad en Edad. Siempre que asanthi, o desarmonía, agobia al mundo, el Señor encarna en forma humana a fin de instituir las vías para obtener Prashanti, o Paz Espiritual Suprema, y enseñar de nuevo a la humanidad los senderos de la Paz. En la actualidad, la rivalidad y la discordia han robado la paz y la unidad a la familia, la escuela, la sociedad, las religiones, las ciudades y el país.

La llegada del Señor también era esperada ansiosamente por los santos y los sabios. Los sadhus (aspirantes espirituales) oraron y he venido. Mis principales tareas son el fomentar el conocimiento de los Vedas (las Escrituras hindúes) y el impulsar a los devotos. La virtud de ustedes, su autocontrol, su desapego, su fe, su firmeza son las señales por medio de las cuales el mundo se entera de Mi Gloria. Ustedes pueden proclamar que son devotos solamente cuando se hayan puesto total y completamente en mis manos, sin restos de ego. Ustedes pueden gozar de la Bienaventuranza por medio de la experiencia que les confiere el Avatar. El Avatar se conduce de manera humana a fin de que la humanidad pueda sentir afinidad, pero se eleva hasta alturas sobrehumanas para que la humanidad pueda aspirar a alcanzarlas, y a través de esa aspiración, lo alcance realmente a El. La tarea para la cual El ha venido en forma humana consiste en que ustedes se den cuenta de que el Señor está en ustedes y los hace actuar.

Los Avatares como Rama y Krishna tuvieron que destruir a individuos que podían ser identificados como enemigos del modo de vida dhármico (recto) y así restaurar el ejercicio de la virtud. Pero ahora no hay alguien completamente bueno, ¿y quién merece la protección de Dios? Todos están mancha­dos por la perversidad, ¿y quién sobrevivirá si el Avatar deci­de arrasar la maldad? Así, Yo he venido para enmendar el buddhi (la inteligencia), por varios medios. He de aconsejar, ayudar, ordenar, condenar y apoyar a todos como un amigo bienamado, con el objeto de que puedan abandonar todas esas malas propensiones, y reconociendo el camino recto se encaminen por él y lleguen a la meta. Tengo que revelar a la gente la importancia de los Vedas, los Sastras y otros textos espirituales que establecieron las normas. Si me aceptan y di­cen: “Sí”, Yo también responderé y diré: “Sí, sí, sí”. Si me re­húsan y dicen: “No”, Yo también repito: “No”. Vengan, exa­minen, experimenten, tengan fe, éste es el método para aprovecharme.

Yo no menciono a Sai Baba en ninguno de mis discursos, pero llevo el nombre como Avatar de Sai Baba. Yo no le doy importancia en absoluto a la distinción entre las varias apa­riencias de Dios: Sai, Rama, Krishna, etc. Yo no proclamo que éste sea más importante o que otros lo sean menos. Con­tinúen adorando al Dios de su elección de la manera que les es familiar; entonces se darán cuenta de que se están acer­cando más y más a Mí; porque todos los nombres son Míos y todas las formas son Mías. No hay ninguna necesidad de cambiar su Dios elegido y adoptar uno nuevo después de ha­berme visto y oído.

Cada paso en el tránsito del Avatar está predeterminado. Rama vino para nutrir las raíces de Sathya, o Verdad, y de Dharma, o Rectitud. Krishna vino para fomentar Shanti, o Paz, y Prema, o Amor. Ahora estas cuatro virtudes están en peligro de extinguirse. Por ello ha venido el presente Avatar. El Dhar­ma que había huido a los montes debe ser conducido de nue­vo a los pueblos y ciudades. El antidharma que está arruinan­do los pueblos y ciudades debe ser rechazado a la selva.

He venido para darles la llave del tesoro de Ananda o Bienaventuranza; para decirles cómo aprovechar este manan­tial, pues ustedes han olvidado el camino que conduce a la Bienaventuranza. Si ustedes desperdician esta oportunidad de salvarse es porque ése es su destino. Han venido para ob­tener de Mí oropeles y cachivaches, las pequeñas curas y las mejoras mezquinas, la alegría y el confort mundanos. Muy pocos de ustedes desean obtener de Mí lo que he venido a darles, es decir, la Liberación misma, y entre esos pocos, los que siguen el camino de sadhana, o práctica espiritual, y lo logran, se cuentan con los dedos de la mano.

Su inteligencia mundana no puede desentrañar los mo­dos de obrar divinos. Dios no puede ser reconocido por el mero ejercicio intelectual. Ustedes pueden beneficiarse de Dios, pero no pueden explicarlo. Sus explicaciones son sim­ples suposiciones, intentos de revestir su ignorancia con ex­presiones pomposas. Pongan algo en su práctica diaria que pruebe que han conocido de Mí el secreto de la vida superior. Demuestren que sienten mayor fraternidad, que hablan con más dulzura y autocontrol, que conllevan tanto las derrotas como las victorias con tranquila resignación. Siempre he estado enterado del futuro, el pasado y el presente de cada uno de ustedes; por ello lo que me mueve no es la misericordia. En vista de que conozco el pasado, los antecedentes, la reacción es diferente. Lo que sucede es consecuencia de ac­ciones malas hechas deliberadamente en la vida anterior y por esto dejo que su sufrimiento continúe, a menudo modificado por cierta pequeña compensación. Yo no causo alegría ni aflicción. Ustedes son los forjadores de esas cadenas que los atan. Yo soy Anandaswarupa (Encarnación de la Biena­venturanza). Vengan y tomen Ananda de Mí. Moren en Anan­da (Bienaventuranza) y llénense de Shanti (Paz).

Mis actos son los cimientos sobre los cuales estoy cons­truyendo Mi obra, la tarea para la cual he venido. Todos los actos milagrosos que ustedes observan deben interpretarse así. Las cortinas de un dique requieren una variedad de materiales. Sin éstos no durarían ni soportarían la fuerza del agua. Una encarnación del Señor debe ser aprovechada de diferentes formas por el hombre para su elevación.

El Señor no tiene intención de hacerse propaganda. Yo no necesito publicidad ni la necesita ningún otro Avatar del Señor. ¿Qué se atreven ustedes a divulgar? ¿A Mí? ¿Qué sa­ben de Mí? Un día dicen una cosa de Mí, otro día una dife­rente. Su fe no se ha afirmado. Me alaban si las cosas mar­chan bien y me culpan si marchan mal. Cuando comienzan a hacer publicidad descienden al nivel de los que compiten pa­ra conseguir riqueza denigrando a los demás y ensalzándose a sí mismos.

Donde se recauda, acumula o exhibe dinero no me pre­sentaré. Voy solamente donde la sinceridad, la fe y la entre­ga son estimadas. Sólo las mentes inferiores se regodean en la publicidad del autoengrandecimiento. Esto no tiene razón de ser en el caso de los Avatares. No precisan propaganda al­guna.

El establecimiento del Dharrna (Rectitud) es Mi meta. La enseñanza del Dharma, la difusión del Dharrna es Mi objeti­vo. Estos milagros, como los llaman ustedes, son simplemen­te medios para lograr este fin. Algunos de ustedes hacen notar que Ramakrishna Paramahamsa (santo indio) dijo que los siddhis o poderes yóguicos son obstáculos en el camino del sadhaka (aspirante espiritual). Es cierto, los siddhis pueden descarriar al sadhaka, el aspirante espiritual. El debe seguir el camino recto sin dejarse envolver por ellos. Su ego lo hará caer si cede a la tentación de demostrar sus poderes yógui­cos. Este es el consejo correcto que cada aspirante debe escu­char. Pero el error está en igualarme con un sadhaka, como el que Ramakrishna quería ayudar, guiar y prevenir. Estos siddhis o poderes yóguicos están precisamente en la naturale­za del Avatar; la producción de cosas con la intención de proteger y dar alegría como una creación espontánea y perma­nente. La preservación y la disolución sólo pueden ser lleva­dos a cabo por el Todopoderoso… por nadie más.

Los cínicos critican sin saber. Si estudiaran los Sastras o Escrituras, o cultivaran la experiencia directa podrían entenderme. Su pereza innata les impide hacer los ejercicios espiri­tuales necesarios para descubrir la naturaleza de Dios. Esta pereza debe desaparecer. Debe ser eliminada de la naturale­za del hombre en cualquier forma que se manifieste. Esta es Mi misión. Mi tarea no es meramente curar y consolar y poner fin a sus aflicciones individuales, sino algo muchísimo más importante. El poner fin a las aflicciones y las angustias es incidental en Mi misión. Mi tarea principal es el restableci­miento de los Vedas y los Sastras (Escrituras espirituales) y la. revelación del conocimiento de los mismos a todos. Esta tarea tendrá buen éxito. No será coartada. No será frenada. ­Cuando el Señor decide y ordena, Su Voluntad Divina no puede ser obstaculizada.

Quizá hayan oído decir que lo mío es pura magia, pero la manifestación de poderes divinos no debe interpretarse en términos de magia. Los magos hacen sus trucos para ganarse la subsistencia, la fama y las riquezas mundanas. Ellos se basan en la falsedad y medran en el engaño, pero este cuerpo nunca descenderá a niveles tan bajos. Este cuerpo ha venido porque el Señor así lo determinó. Esta determinación la tomó para apoyar a Sathya, o Verdad. Una resolución divina es Siempre una resolución justa. Recuerden, no hay nada que el Poder Divino no pueda acometer; puede transmutar la tierra en cielo y el cielo en tierra. Dudar esto es probar que son demasiado débiles para aprehender grandes cosas, la grandeza del Universo.

He venido para instruirlos a todos en la esencia de los Vedas; para derramar sobre todos este don precioso; para proteger el Sanathana Dharma, la Antigua Sabiduría, y pre­servarla. Mi misión es la de traerles la felicidad y por eso es­toy siempre listo para andar entre ustedes no una vez, sino dos, tres, tan a menudo como demanden.

Muchos de ustedes quizá piensen que dado que viene a Puttaparti gente de todas partes de la India y de países ex­tranjeros, ella debe estar derramando sus contribuciones en los cofres del Nilayam (Prashanti Nilayam: nombre del ashram de Sai Baba). Pero déjenme declarar la verdad. No acep­to nada de nadie, excepto su amor y devoción. Esta ha sido mi práctica constante durante todos estos años. Las personas que vienen aquí sólo me han dado la riqueza de su fe, de su devoción y de su amor. Es todo.

Muchos vienen a Mí con problemas de salud y preocupa­ciones mentales de una especie u otra, que no son más que señuelos para atraerlos aquí, pero el fin principal es que ad­quieran Gracia y fortalezcan su fe en lo Divino. Los proble­mas y preocupaciones, en realidad, deben ser bienvenidos, pues enseñan la lección de la humildad y de la reverencia. El correr en pos de las cosas externas produce todo este descon­tento. Este género de deseo no tiene fin. Una vez que se con­viertan en esclavos de los sentidos, éstos no los dejarán libres hasta que ustedes mueran. Producen una sed insaciable. Pe­ro llamo a ustedes hacia Mí y hasta les doy regalos mundanos para que vuelvan la cara hacia Dios. Ningún Avatar ha hecho esto antes; esto de ir por entre las multitudes aconse­jando, guiando, consolando, elevando y dirigiendo por el ca­mino de Sathya, Dharma, Shanti y Prema.

Mis actividades y hechos jamás serán alterados, cualquie­ra que sea la opinión que merezcan. No modificaré Mis pla­nes para Dharmasthapana (establecimiento de la Rectitud), ni Mis discursos ni Mis acciones. He perseverado en esta deter­minación por muchos años y estoy ahora dedicado a la tarea para la cual he venido, o sea la de inculcar fe en el camino de Prashanti (Paz Espiritual Suprema). No me detendré ni re­trocederé un solo paso.

Ni el más grande científico puede entenderme mediante sus conocimientos de gabinete. Estoy siempre lleno de Biena­venturanza. Ocurra lo que ocurra, nada puede interponerse en la senda de mi disposición favorable. Por ello puedo im­partirles felicidad a ustedes y hacer que su carga sea más li­gera. Nunca me alegro cuando me ensalzan, ni me apoco cuando me vilipendian. Contados son los que se han percatado de Mi propósito e importancia, pero esto no me preocupa. Cuando se me atribuyen cosas que no están en Mí, ¿por qué habría de preocuparme? Cuando se mencionan cosas que están en Mí, ¿por qué habría de alegrarme? Yo siempre digo: “Sí, sí, sí”. Si ustedes se consagran y se rinden al Señor, El los protegerá y guiará. El Señor ha venido precisamente para esta tarea. Está declarando que esto es lo que hará y ésa es la verdadera tarea que me ha traído aquí. Conozco la agitación de sus corazones y sus aspiraciones; pero ustedes no conocen Mi corazón. Reacciono ante el dolor que están sufriendo y ante la alegría que sienten porque estoy en sus corazones. Soy el morador del templo de cada corazón. No pierdan Mi contacto y compañía, pues sólo cuando el carbón se junta con las brasas se puede convertir también en brasa.

Cultiven la cercanía conmigo en su corazón y serán recompensados. Entonces ustedes también adquirirán una fracción de ese Amor Supremo. Esta es una gran oportunidad. Confíen en que serán liberados. Sepan que están a salvo. Muchos vacilan en creer que las cosas van a mejorar, que la vida será feliz y llena de alegría para todos y que habrá de volver la Edad de Oro. Permítanme que les asegure que este Dharmaswarupa, este cuerpo Divino, no ha venido en vano. Tendrá buen éxito en conjurar la crisis que embarga a la humanidad.

Palabras de Sai Baba a sus devotos cuando cumplió 43 años,

23 de noviem­bre de 1968

Extraído del libro: “Sai Baba y el psiquiatra”,

Por el Dr. Samuel H. Sandweiss

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  1. 12/27/2010 a las 11:47 PM

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