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La virtud y el hombre

El ser humano debe llevar una vida correcta y dedicarse empeñosamente a practicar siempre todas las virtudes humanas, para que pueda vivir en Paz y para que el mundo pueda también gozar de Paz. Los hombres no pueden obtener Paz verdadera, ni pueden lograr la gracia de Dios por ningún otro medio que no sea viviendo una vida virtuosa. La moralidad y la virtud (Dharma), son los fundamentos para el bienestar de la humanidad; ellos constituyen la Verdad que se mantiene incólume a través de todos los tiempos. Cuando la Rectitud y la virtud no logran transmutar la vida humana, el mundo se ve afligido por la agonía y el temor atormentado por turbulentas alteraciones. Cuando el resplandor luminoso de la virtud deja de alumbrar las relaciones entre los seres humanos, la sociedad entera se ve envuelta en la noche del dolor.

Dios es la encarnación del Dharma; Su gracia se logra practicando una vida virtuosa. El Hacedor está siempre alimentando la virtud y la moralidad en el mundo. El está permanentemente estableciendo la virtud; puesto que El, de hecho, es Virtud. Las sagradas escrituras proclaman a grandes voces la gloria de la virtud. Las escrituras de las diferentes religiones se han expresado detalladamente respecto de las virtudes humanas, en el lenguaje que es familiar a sus respectivos adeptos. Es el deber primordial de todo ser humano, en cualquier lugar y en toda época, rendir homenaje al dulce Señor del Dharma, la Personificación de la Rectitud. La corriente de actividad dhármica, virtuosa y moral, jamás debe secarse; cuando sus frescas aguas cesan de fluir sobreviene el desastre en forma irremediable. La humanidad ha alcanzado su presente condición tan sólo porque la virtud, como un río subterráneo, fluye sin ser vista bajo la superficie, alimentando las raíces y los manantiales. No solamente la humanidad, sino hasta bestias y aves tienen que atenerse a la virtud para poder ser felices y sobrevivir con alegría.

Por todas estas razones, es imperativo que las aguas de la virtud se mantengan circulando, fluyendo en forma perpetua y abundante para que el mundo pueda gozar de felicidad. Actualmente, el desastre danza alocadamente sobre el escenario del mundo, porque la Rectitud se ha descuidado y ya no se cree en los preceptos fundamentales de la vida virtuosa. Por lo tanto el hombre debe comprender claramente la esencia de la virtud. ¿Qué se entiende por Dharma (virtud, moralidad, rectitud)? ¿Qué es la esencia del Dharma? ¿Puede el hombre común llevar una vida dichosa y segura si se atiene a los dictados del Dharma? Estas dudas confunden la mente de los humanos en el curso de sus vidas. Es indispensable y muy urgente resolverlas.

En cuanto se habla de virtud, moralidad y deber el hombre ordinario lo toma en algunos de los siguientes sentidos: dar limosna, dar alojamiento a los peregrinos, alimentar a los pobres, adherirse a las normas tradicionales de una profesión, poseer un carácter que respeta las leyes, discernir entre el bien y el mal, seguir los dictados de la propia naturaleza y los caprichos de la mente, la fruición de deseos, y así sucesivamente.

Por supuesto que hace ya mucho tiempo que el rostro puro de la virtud fue mancillado de tal modo que se ha hecho irreconocible. Las hermosas praderas y arboledas se ven invadidas por la maleza y el descuido y luego se vuelven campo inhóspito y jungla salvaje. Los frondosos árboles son cortados por obra de personas codiciosas y el paisaje cambia de aspecto hasta volverse irreconocible. Con el pasar del tiempo la gente se acostumbra al nuevo estado de cosas y ya no notan la transformación y la decadencia. Esto es precisamente lo que ha sucedido en el caso de la virtud.

Todo ser humano tiene que familiarizarse con los rasgos principales de la virtud, tal como lo explican los Vedas, las escrituras más antiguas de la humanidad, cuyo ancestro desciende directamente de la palabra del Supremo Hacedor. Estas y otras escrituras sagradas, mal interpretadas por inteligencias incompetentes, abrumadas por las emociones desenfrenadas y un razonamiento impuro, han sido groseramente diluidas y su gloria se ha desfigurado atrozmente. Así como las gotas de lluvia caen del cielo claro y azul, contaminándose y cambiando de color al contacto con la tierra, de la misma manera, el mensaje inmaculado de los antiguos visionarios, el ejemplo de sus esplendorosas obras, tanto como el ejemplo de sus acciones inmaculadas, se han convertido en una caricatura deforme de su original grandeza, debido a la tergiversación de seudoeruditos e intérpretes incultos.

Muchos libros para niños contienen ilustraciones que ayudan a explicar el texto, pero los lectores juveniles dedican el tiempo a mirar las estampas, olvidando lo que éstas tratan de aclarar. Similarmente los irreflexivos y los ignorantes comprenden mal los rituales destinados a ilustrar las grandes verdades, y los llegan a tomar como si tuviesen validez independiente de éstas. Llegan a ignorar por completo las mismas verdades que los rituales tratan de poner en evidencia. Los viajeros que recorren una carretera descansan por un rato en los refugios colocados a la vera del camino, pero durante su estadía, muchas veces descuidan y dañan la misma estructura que les diera abrigo. De igual manera los torpes y los perversos alteran la faz misma de la moralidad védica y engañan al mundo, haciéndole creer que la versión tergiversada que propagan es la enseñanza de los Vedas (el Conocimiento Superior).

Cuando tal manipulación de la virtud tiene lugar, cuando su rostro es desfigurado en manos de los enemigos de Dios, el Hacedor responde al llamado de los buenos y piadosos, y salva al mundo de la ruina mediante el restablecimiento de la Rectitud y de la Verdad en los campos de la moralidad y de las diversas actividades humanas o, dicho de otro modo, reafirma la virtud en el campo ideológico y práctico a la vez.

En cuanto al presente, ¿quién puede curar la ceguera actual? El hombre tiene que exterminar la bestia de seis cabezas que causa su perdición, incitándolo con lujuria, ira, codicia, ignorancia, soberbia y odio. Solamente así, la virtud puede ser reconstruida.

En los Vedas se hacía referencia al Señor como la “Personificación de la Virtud”; mientras que Buda lo llamó “Suprema Sabiduría”. Durante aquellos días en que Buda vivió, nadie se atrevía a pronunciar la palabra “Veda”; como sucedió en los tiempos del demonio llamado Somaka, en que se perseguía sin misericordia a los que practicaban o enseñaban los Vedas, razón por la cual nadie se atrevía a nombrarlos; aunque como sobrevenía el temor de morir, ese comportamiento podía ser excusado. Pese al inminente peligro, Buda rebosaba reverencia por los Vedas, estaba siempre lleno de Dios. ¡Muchos dicen que Buda era ateo! Pero si Buda era ateo, ¿quién merece entonces ser designado creyente? La vida entera de Buda es un relato ininterrumpido de virtud suprema. Otro gran maestro de filosofía y moral, Sankara (el principal exponente del concepto de la filosofía no dualista) es criticado por algunos que dicen que Sankara se oponía al sendero de la actividad virtuosa. Pero Sankara negaba solamente la eficacia de la actividad virtuosa, cuando ésta se efectuaba exclusivamente con el fin de satisfacer un deseo. Sankara fue, sin lugar a duda, un Gran Maestro que enfatizó la importancia de la actividad virtuosa, y que recalcó la importancia del esfuerzo motivado por la comprensión de la Verdad básica.

El modo que empleó Sankara para practicar la virtud e insistir en el cumplimiento de las obligaciones impuestas por las diversas actividades humanas, teniendo presente la

Verdad esencial de la vida y la fe de Buda en la esencia de los Vedas, solamente puede ser apreciado por aquellas personas que han adquirido una visión superior. Los que no poseen esa visión, se confunden en una maraña de interpretaciones. Es que para escalar cierta altura se necesita una escalera de altura similar.

Aquel que domine su egoísmo, sus deseos egocéntricos, el que destruya sus sentimientos e impulsos bestiales y deseche la tendencia natural de considerar el cuerpo como su “yo”, como su “Ser”, está ciertamente en el sendero de la virtud. Tal persona sabe que la meta de toda moralidad es la unión, o el fundirse de la ola con el mar, la fusión o absorción del “yo” individual en el “Yo” Universal, la inmersión del ser en el Ser Superior.

En todas las actividades mundanas deben cuidar de no herir los cánones del decoro y de la bondad; no deben contradecir a los impulsos de la Voz Interior y deben estar preparados en todo momento a respetar los dictados apropiados de la conciencia; deben cuidar sus pasos para no obstruir el camino de los demás; siempre deben estar alertas para descubrir la Verdad oculta detrás de toda esta variedad resplandeciente. Esta es la suma total de los deberes humanos, éstas son las virtudes humanas por excelencia. Este es vuestro Dharma (la Acción Correcta). El fuego abrasador de la sabiduría, que los convence al fin de que “todo esto es Dios”, convertirá en ceniza todo rastro de vuestro egoísmo y apegos mundanos. Ustedes deben llegar a embeberse con el néctar de la Unión con Dios; ésta es la última meta de la virtud y de toda actividad humana inspirada por esa virtud.

“Sacrifiquen la ignorancia y el egoísmo en el altar de la sabiduría e instalen la virtud en su lugar”; éste es el Mensaje de los Vedas. Cada acto desinteresado aislado que prepara el terreno para la fusión del Alma individual con el Alma Universal, que expande la visión, permitiendo la percepción de la presencia de la Conciencia Absoluta inmanente en todo lugar, constituye un acto imbuido de virtud. Cada uno de tales actos es un diminuto riachuelo que va a sumarse al río de la santidad, que corre hacia el océano del Conocimiento Absoluto. Todos vuestros actos y actividades son rituales en la adoración del Alma Suprema que llena el Universo. Cualquier cosa que se haga con una actitud de dedicación y entrega es un componente de la virtud que conduce a la Realización. La estrategia del modo de vida en Bharat (la India, tierra que tiene apego al Señor), está orientada hacia la santificación de cada movimiento y cada palabra, pensamiento y acción, convirtiéndolos a todos ellos en un paso más hacia esa Realización.

Ustedes deben comprender las acciones virtuosas de antaño buscando captar su sentido simbólico. El campo espiritual contiene muchos términos técnicos, que tienen su propia y especial connotación. Estos deben ser claramente comprendidos, para que ustedes puedan captar correctamente las enseñanzas de las Escrituras. Tomemos un ejemplo. En tiempos antiguos la gente solía celebrar ofrendas, y en ellas se sacrificaban animales. Pero el animal es solamente un símbolo. No era la bestia la que había que despedazar. ¡El animal lleva de por sí una vida de sacrificio, y no tiene necesidad alguna de que el hombre tenga que finiquitar su vida en un altar de sacrificios! El animal que debe ser inmolado y ofrendado es diferente; en el vocabulario espiritual, animal significa “conciencia corporal”, la “conciencia del ego”; y esto es lo que debe ser sacrificado. El Señor es conocido como el Guardián del ganado o el Pastor que vela por todas las Almas individuales, El que tiene el control sobre la naturaleza animal del hombre. El cuidar a las vacas es el juego simbólico de Krishna (así como vemos a Cristo cuidando a las ovejas como buen Pastor), que indica Su Misión de velar por los individuos.

Las Escrituras poseen profundos significados internos. El propósito del Dharma (virtud, moralidad, rectitud) es lograr que el individuo cese en sus apegos a la naturaleza exterior, y a la ilusión que ello produce, y que llegue a darse cuenta de su Realidad, o dicho de otra manera, que deje de considerar real lo que ahora considera como tal (lo tangible, el mundo objetivo), para que pueda percibir la revelación de su verdadera identidad.

Estos significados deben ser captados tanto por los jóvenes como por los ancianos. Tómese como ejemplo el templo de Shiva (Shiva es la tercera persona de la Trinidad Hindú; su función, como la del Espíritu Santo, es iluminar, conferir sabiduría, destruir la ilusión del mundo, transmutar lo humano en divino). Justo enfrente del Ídolo de Shiva tenemos la imagen de Nandi, el Toro. Se dice que el Toro Sagrado es el vehículo que utiliza Shiva para desplazarse, y es por esa razón que Nandi está en el templo de Shiva. Pero, a decir verdad, el toro o vacuno representa al individuo, al hombre, a la “divinidad encarnada”; mientras que el “Lingam”, el símbolo ovoidal de Shiva, que no tiene comienzo ni fin, representa el Eterno Principio Divino. “Nadie debe pasar entre el Toro y el Símbolo de Shiva, entre el individuo y su Divinidad”, es lo que se dice, pues deben fundirse en uno. Shiva debe visualizarse o contemplarse entre los dos cuernos de Nandi (el Toro), dicen. La gente, cuando se le pregunta el porqué de este precepto, contesta: “Bueno, es más sagrado que otras formas de contemplar el ‘Lingam’”. Pero el verdadero significado profundo es éste: “Debes ver la Divinidad en el individuo”. El toro y su Pastor son uno. Al final, en la fusión se convierte en “Divino Pastor”. Todas estas explicaciones se refieren a la misma entidad. Cuando el individuo se halla preso de sus deseos egocéntricos se designa como “Nandi” o el Toro. Cuando se libera, se convierte en Dios o en el Divino Pastor, el que guía a los demás. (“Yo y mi Padre somos UNO”, dijo Cristo. N. del T.) Cuando el individuo finalmente se convierte en Divino Pastor, en Divinidad encarnada, se lo adora y con justa razón. Cuando el animal del egoísmo es ofrendado al Divino Pastor, al Señor de las Almas, y cuando el individuo desecha su identidad separada, es cuando se efectúa el verdadero sacrificio. Este significado ha caído ahora en el olvido.

Hasta tal punto han cambiado hoy en día estos actos simbólicos que se han vuelto irreconocibles. Las prácticas de la actualidad y los principios de ayer se han distanciado enormemente. Hasta el más insignificante detalle de la vida ordinaria debe estar inspirado en los elevados ideales de la bienaventuranza espiritual. En esta forma hasta la gente más simple puede ser guiada gradualmente hacia la meta. Cuando uno no discierne el proceso y propósito de cada acción, pero sigue repitiéndola ciegamente, ello se convierte en una versión ridícula y fosilizada. Por eso Prahlada dijo: “Como es difícil destruir el egoísmo, el hombre halla más fácil destruir a un pobre e inocente animal como sustituto. Sacrificar animales es señal de ignorancia y abulia; contentarse con ese sacrificio es dejarse llevar por la esclavitud de los sentidos. El sacrificio puro consiste en ofrendar el animal del egoísmo; ésa es la ofrenda de pureza, ése es el camino divino hacia la Liberación”. Prahlada era hijo de un rey malvado, que embriagado de su poder y riqueza negó la existencia de Dios. El rey quiso obligar a su hijo a negar a Dios públicamente, pero como Prahlada rehusó, lo hizo someter a toda clase de torturas. Prahlada, que tenía seis años a la sazón, vivía imbuido de Dios y ni siquiera sintió las torturas, pues seguía cantando el nombre de Vishnu, su deidad favorita. Cuando finalmente su padre le preguntó con sorna en público, dónde estaba Dios, insistiendo que se lo mostrase, Prahlada le contestó que Dios estaba en todo lugar, hasta en una columna. Dicho esto, golpeó la columna con su puño y de ella surgió, rugiendo ferozmente, la encarnación de Vishnu, medio hombre y medio león y despedazó al cruel monarca. Prahlada reinó virtuosamente por muchos años, después de la muerte de su padre ateo.

¡Así se ha convertido en la actualidad la meta elevada y sagrada de antaño en objeto de la necedad! Gradualmente cada uno de los rituales antiguos, repletos de profundo significado, se han visto invadidos por la maleza de la ignorancia y se han tergiversado más allá de toda posibilidad de reconocimiento. Han brotado ramas confusas en todas direcciones. Ahora no es posible desarraigar el árbol y plantar uno nuevo. Por lo tanto hay que podarlo y enderezarlo para que vuelva a crecer recto y sano. La meta más elevada debe ser recordada en todo momento y hay que evitar rebajarla a niveles inferiores como lo material y la superstición.

Bhagavan Sri Sathya Sai Baba

Extraído del libro: Torrente de Virtud.

(Dharma Vahini)

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